
Ante el mínimo malestar estomacal o acidez se toman antiácidos como si estos medicamentos no tuvieran efectos secundarios, una actitud a revisar.
Ardor, molestias de estómago, excesos digestivos, estrés... todo ello contribuye a que muchas personas tomen antiácidos de forma habitual, una medicación considerada -menor-. Pero, ¿son estos medicamentos realmente inocuos? ¿Están completamente exentos de problemas y efectos secundarios? Repasemos su forma de acción.
ANTIACIDOS NO SISTEMICOS
Existen distintos tipos de antiácidos. Unos son los llamados no sistémicos. Actúan a nivel local a modo de -esponja- salina que reduce la acidez de forma puntual. Por su acción ligera y poco intensa son los que menos efectos secundarios conllevan, aunque no estén exentos de ellos. El antiácido no sistémico más clásico ha sido siempre el bicarbonato. De éste se descubrió hace ya unos años que su uso abusivo podía provocar alteraciones iónicas nocivas, por ejemplo, en las personas con hipertensión, enfermedades hepáticas o renales e incluso en personas sanas.
Así fue como el bicarbonato quedó relegado por medicaciones más modernas. Sin embargo, las sales de fruta que comparten esta acción digestiva y antiácida del bicarbonato, también tienen sus efectos secundarios. La mayoría de los antiácidos no sistémicos modernos contienen sales de aluminio que, al estreñir de forma importante, se asocian a sales de calcio y especialmente de magnesio. Uno de los problemas más comunes que puede conllevar el uso continuado de estos medicamentos -en general bastante inocuos-, es la presencia de estreñimiento e incluso de diarrea. Pero la duda más importante que se ha achacado a los antiácidos es la presencia del aluminio, que parece ser bastante nocivo en caso de demencia senil o enfermedad de Alzheimer (se ha comentado que hasta podría favorecer su aparición). En algunos prospectos se recomienda que las personas con esta patología se abstengan de tomarlos.
ANTIACIDOS SISTEMICOS
Los antiácidos no sistémicos son los más simples y tardan en reducir la acidez. También son insuficientes en la mayoría de los casos cuando hay una úlcera o una gastritis importante. Por eso algunas personas que sufren acidez de forma habitual prescinden de ellos y recurren directamente a medicaciones más potentes. Entre ellas están los antiácidos sistémicos que actúan a nivel del sistema nervioso reduciendo la secreción de ácidos gástricos. Existen dos tipos de familias de antiácidos antiulcerosos: los derivados de la cimetidina y ranitidina; y los derivados del omeprazol.
La cimetidina fue la primera en aparecer en el mercado, siendo rápidamente sustituida por la ranitidina, que tiene una prescripción más cómoda al bastar una pastilla al día. Luego aparecieron otras parecidas como la famotidina. Se trata de antisecretores bastante potentes, pero por aquello de que las patentes ya han caducado, ha pasado de ser una medicación bastante cara a tener un precio razonable. Esto, y su mayor intensidad de acción frente a los antiácidos locales, la han convertido en un fármaco popular entre las personas que sufren de acidez.
Sin embargo, los antiácidos sistémicos tienen un problema, que es el llamado estómago seco. Cuando se toman estos productos de forma continuada, se produce una inhibición muy importante de la secreción gástrica que altera el mecanismo digestivo, provocando no acidez, pero en muchos casos otras alteraciones digestivas más difíciles de catalogar y que a veces requieren una nueva medicación. Cuando se introdujeron los primeros antiácidos sistémicos se recomendaba el tratamiento durante dos o tres meses, y luego hacer períodos de descanso. Hoy en día muchas personas los toman de forma permanente sin una indicación médica.
Tres cuartos de lo mismo sucede con los antiácidos más utilizados hoy en día, que son los de la familia del omeprazol (entre los que hay que citar el pantoprazol, el lansoprazol y otros). Su efecto inhibidor de la secreción aún es más potente, pero son bastante caros.
UN MEDICAMENTO NO BASTA
La problemática de tomar antiácidos de forma permanente es mucho más compleja de lo que parece. Primero, una acidez gástrica debería ser solucionada o complementada con medidas dietéticas. Pero la tendencia es justo lo contrario: ante cualquier problemática de acidez se recurre a la pastilla o al jarabe. Ahora bien, si estos antiácidos se toman de forma continuada pueden provocar otro tipo de alteraciones digestivas que con frecuencia hacen que la persona acabe tomando otra medicación reguladora como la metoclopramida que puede ser antagonista de la acción delos antiácidos.
Otra problemática del uso de estos medicamentos reside en que, con mucha frecuencia, se asocian al consumo creciente de antiinflamatorios. Muchos médicos asocian el antiinflamatorio con el antiácido (generalmente sistémico), para prevenir alteraciones digestivas. De esta manera, se potencian lo efectos secundarios y se da al consumidor -porque en este caso es consumidor y no paciente- una falsa apariencia de seguridad.
Por otra parte hay que tener en cuenta que factores como el estrés conducen a la toma de medicación para el estómago y a veces un antiácido no puede solucionar lo que implica "digerir" situaciones que nos desbordan.
FACTORES QUE PUEDEN AUMENTAR LA ACIDEZ
La acidez gástrica, además de tratamiento, necesita unas medidas dietéticas adecuadas. Estos son algunos hábitos y alimentos que acentúan el problema:
Fumar - Café (normal y descafeínado) y otras bebidas que contienen cafeína - Alcohol - Frutas cítricas - Productos del tomate - Chocolate - Mentas o mentoladas - Comidas con grasas - Comidas picantes (pizza, chili, curry). - Cebollas - Medicamentos como la aspirina o ibuprofen (Advil, Motrin, Nuprin) - Otros medicamentos (chequee con su médico).
TRATAMIENTOS NATURALES
Como dijo Hipócrates: "Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento", en la naturaleza encontramos todos los remedios posibles para todas las posibles enfermedades de las que sea susceptible nuestro organismo. Por ejemplo y de manera sencilla: Para curar la acidez, las úlceras gástricas, inclusive el cáncer en su etapa inicial, el mejor remedio es la papa, la que consumimos a diario en nuestros alimentos. Pues bien, es sencillo de preparar este remedio casero: se toma una papa, la de cáscara negra mejor, se pela y luego se ralla lo que queda de la papa. Se echa en un recipiente el rallado, luego en un trapito limpio se coge y se coloca esta masa obtenida ya rallada y se exprime bien, obteniendo en otro recipiente un líquido blanco rico en almidones; este se revuelve bien y se toma por varias ocasiones durante el día. Se recomienda eso sí, no consumir, fritos, chocolates espesos, café, etc., así como algunos medicamentos que se estén tomando y que puedan afectar el tracto gastrointestinal, mientras dura el tratamiento. Pruébalo y verás y enséñalo a todo aquel que lo necesita. Es uno de los tratamientos más económicos para este tipo de dolencias.
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