
Es posible ayudar al sistema inmunitario a que cumpla sus misiones; mantener la salud o recuperarla si es necesario.
El sistema inmunitario desempeña un papel fundamental tanto en el mantenimiento de la salud como en los procesos autocurativos. Sin embargo, si bien la mayoría de las personas se preocupa por si sus "defensas" están bajas o altas y sabe que con ellas se alude al sistema inmunitario, muy pocas tienen una idea clara de lo que éste es realmente. No es extraño porque hace no muchos años que la ciencia médica lo reconoce como una unidad funcional del cuerpo y que comprende la importancia de órganos que antes eran considerados poco menos que inútiles y fácilmente extirpables (amígdalas, bazo, timo, adenoides, etc.).
Otra dificultad para comprender el sistema inmunitario es que sus componentes no aparecen unidos ni ordenados de una forma tan clara que permita imaginar el conjunto, como ocurre con los sistemas respiratorio o digestivo, por ejemplo. Al contrario, están esparcidos por todo el cuerpo: así sucede con las amígdalsa, las adenoides, el timo, los ganglios linfáticos, la médula ósea, los glóbulos blancos de la sangre y otras células especializadas, el bazo y las placas de Peyer en el intestino. Además de estos elementos, la función inmunitaria implica a otros órganos y sistemas corporales, como el hígado o los sistemas nervioso, digestivo, respiratorio y endocrino. Como la misión del sistema inmunitario es mantener la salud en todo el organismo es lógico que tenga conexión con los distintos órganos y sistemas y que no se encuentre focalizado.
Un Director Oculto
Ante un problema, una infección por ejemplo, el sistema inmunitario desencadena una respuesta enormemente compleja mediada por una gran cantidad de reacciones químicas, actividad celular y mensajes nerviosos y hormonales. Esta coordinación sugiere la idea de que existe una instancia superior que da las órdenes.
Por supuesto no se trata de la conciencia, porque no se puede dirigir con el pensamiento, pero de algún modo está implicado un plano profundo de la mente, pues se sabe que la actividad inmunitaria es influida por los conflictos emocionales y psíquicos.
Se puede imaginar que en este plano profundo se encuentra el -médico interno- al que se refería Paracelso para explicar la capacidad autosanadora del organismo. Cabe destacar que algunos investigadores, como el neurocientífico Steven Maier de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), describen el sistema inmunitario como de tipo sensorial. se encarga de recoger información para que el centro director o -médico interno- tome las decisiones oportunas, ya que tiene conexión directa mediante el sistema nervioso y las hormonas con las distintas partes del sistema inmunitario.
Vigilancia Constante
La misión esencial del sistema inmunitario es reconocer y actuar contra cualquier material que no deba estar o entrar en el cuerpo. Para ello dispone de sensores en su interior y en los límites con el exterior. Constantemente busca y destruye bacterias, virus o células dañadas que pueden dar lugar al desarrollo de un cáncer. Por eso, si trabaja bien, se puede entrar en contacto con gérmenes y no sufrir infecciones, con alérgenos y no tener alergias, y con cancerígenos y no enfermar de cáncer.
La primera barrera de protección es la llamada inmunidad innata o inespecífica. A ella pertenecen las células macrófagas elaboradas en la médula ósea, un tipo de glóbulos blancos que tienen la propiedad de absorber y destruir los microorganismos intrusos. Células similares -de Kupffer- se encuentran en el hígado y su misión es eliminar bacterias, levaduras y otras sustancias tóxicas que han sido absorbidas en el tracto intestinal. Además se generan secreciones químicas que también tienen una función protectora, como el ácido clorhídrico en el estómago o el ácido láctico en la mucosa vaginal. Pero un aspecto importante y todavía poco conocido es el papel que desempeña la mucosa intestinal en colaboración con la flroa bacteriana. La pared del intestino, que supone 400 metros cuadrados de superficie, es el lugar del cuerpo donde el mundo exterior entra en contacto más íntimo con el interior. Aquí obtiene el sistema inmunitario entre el 70 y 80 por ciento de la información que aplica en otros lugares. Esto quiere decir que las reacciones inmunitarias en general tienen mucho que ver con lo que ha ocurrido en el intestino. Por eso es fundamental que la flora bacteriana se mantenga sana para facilitar la absorción de nutrientes, impedir la multiplicación de gérmenes patógenos e incluso para la producción de agentes químicos con efectos inmunitarios, como el interferón gamma, una sustancia que bloquea el desarrollo de las infecciones. Una alimentación que perjudique la flora -demasiado rica en azúcar blanco por ejemplo- puede producir un estado de hipersensibilidad inmunitaria y está vinculada estrechamente con el cáncer de colon.
Un sistema con memoria
La sofisticación del sistema inmunitario se revela en los mecanismos específicos que activa cuando tiene que enfrentarse a un enemigo concreto. Los linfocitos B, un tipo de glóbulos blancos elaborados en el sistema linfático, son capaces de detectar los elementos extraños (antígenos) y producir unas moléculas proteínicas, las inmunoglobulinas (anticuerpos), que reconocerán y facilitarán el ataque al antígeno cuando se presenter de nuevo. Este mecanismo, en el que se basa la acción preventiva de las vacunas, funciona como una memoria del sistema inmunitario.
Los tres tipos más importantes de anticuerpos o inmunoglobulinas son las IgG, que pueden atravesar la placenta y protegen de los microbios al feto y al bebé durante las primeras semanas de vida, las IgA, que se hallan en las secreciones corporales(saliva, lágrimas, mucosidad intestinal...), cuya función es vigilar las puertas de entrada al cuerpo;y las IgE, que se activan frente a los parásitos y son las responsables de las reacciones alérgicas.
Otras células inmunitarias son los linfocitos T, derivadas del Timo, la glándula responsable de su maduración. Cuando se encuentran con un elemento extraño son las encargadas de activar otros mecanismos defensivos; las T colaboradoras atraen a las células B para que produzcan anticuerpos, las T agresoras destruyen directamente los antígenos y los expulsan a través de los vasos linfáticos, las vías urinarias y los intestinos; y las T supresoras, que regulan la cantidad de anticuerpos. La cantidad de células T que se encuentra en la sangre es una buena medida del estado de las defensas. A las personas que tienen el virus del sida se les hacen periódicamente recuentos de un tipo de células colaboradoras, las T4, para evaluar su estado de salud.
Los linfocitos T y B se encuentran concentrados en algunos lugares, como las amígdalas y los ganglios linfáticos, que funcionan como filtros. Los conductos linfáticos discurren por lo general en paralelo a las arterias y a las venas y sirven para evacuar los productos de desecho gracias a la circulación de la linfa. El bazo forma parte del sistema linfático y, además de producir linfocitos, destruir bacterias y restos celulares, es responsable de la eliminación de células sanguíneas agotadas y de plaquetas.
El principal instrumento del médico interno para la dirección del sistema inmunitario es la glándula timo, que se encuentra debajo del esternón y por encima del corazón. Hasta hace unas décadas se pensaba que su única función era segregar hormona de crecimiento durante las primeras etapas de la vida. Actualmente se sabe que es el centro del sistema inmunitario, pues recibe órdenes del cerebro e -instruye- a los diferentes tipos de células T, que terminan su especialización en el Timo. Además libera varias hormonas y el factor tímico del suero, que regula muchas funciones inmunes. El timo es vulnerable al ataque de los radicales libres y tiende a atrofiarse con la edad. Para evitarlo hay que asegurarse la obtención de suficientes nutrientes antioxidantes (vitaminas C y E, Selenio, zinc y betacaroteno entre otros) y de vitamina B6.
Problemas comunes
La misión del sistema inmunitario es garantizar la salud, sin embargo no está libre de sufrir alteraciones. Los problemas son generalmente de dos tipos: subactividad, que predispone a las infecciones y al cáncer, e hiperactividad, que provoca alergias y enfermedades autoinmunes. Las causas de la depresión inmunitaria son variadas. Pueden ser hereditarias, pero destacan los motivos relacionados con la alimentación y con el equilibrio psíquico. Una alimentación pobre en ciertos nutrientes impide la realización perfecta de las reacciones bioquímicas necesarias en la función inmunitaria. Igualmente es perjudicial una alimentación que atente contra la flora bacteriana o que aporte demasiadas sustancias extrañas o tóxicas (metales pesados, plaguicidas, aditivos...), pues sobrecargan la capacidad del sistema. En el caso de los bebés, lo idóneo es que sean alimentados con leche materna durante el tiempo suficiente (de 4 a 6 meses), pues así reciben anticuerpos que inhiben las infecciones digestivas y hormonas que favorecen el desarrollo de sus defensas.
Junto a las deficiencias nutritivas, el estrés es el otro factor clave en la depresión del sistema inmunitario. Ocasiona aumentos en las hormonas segregadas por las glándulas suprarrenales que inhiben la acción de los linfocitos y producen la regresión del timo. El nivel de la supresión inmunitaria es proporcional a la intensidad del estrés y al tiempo que se mantiene. Además el estrés estimula el sistema nervioso simpático (pone en tensión, activa), mientras que el sistema inmunitario funciona mejor cuando predomina el parasimpático (respuestas de relajación).
La alergia es el trastorno de hiperactividad inmunitaria más frecuente. Es la consecuencia de que el sistema inmunitario reaccione de forma exagerada y desproporcionada -por medio de las inmunoglobulinas- contra sustancias inocuas para el resto de la gente, como el polen, los ácaros del polvo, los hongos, el pelo de los animales y ciertos productos químicos.
El hecho de que el sistema inmunitario posea las capacidades de aprender y de memorizar ha motivado que algunos expertos relacionen actualmente las alergias con un mal aprendizaje.
Tolerancia disminuida
El sistema inmunitario ha aprendido a lo largo de milenios a responder a las amenazas presentes en el entorno. En las últimas décadas la higiene ha eliminado el contacto con multitud de microorganismos y el sistema inmunitario ha reaccionado, al parecer, disminuyendo su umbral de tolerancia. Así, cuando las células inmunitarias encuentran proteínas que se parecen a las de sus antiguos enemigos comienza a actuar. estas proteínas se encuentran en los alérgenos típicos, como el polvo, el polen o el pelo de los gatos. En consecuencia, para la salud del sistema inmunitario es beneficioso mantener, sobre todo en la infancia, un contacto sin excesivas preocupaciones con la tierra, las plantas y los animales.
Pero lo que ocurre con el sistema inmunitario también puede abordarse desde una perspectiva psíquica. Se ha comprobado que la propensión a padecer alergia puede estar relacionada con ciertas características de la personalidad. Muchos alérgicos son emocionalmente dependientes y temen perder el afecto de los demás. Generalmente tienen miedo a que el expresar libremente sus deseos pueda acarrearles malas consecuencias. Por un mecanismo de compensación, el sistema inmunitario podría transformar este miedo en agresividad hacia elementos exteriores.
El sistema inmunitario contra el cuerpo
Los trastornos autoinmunes resultan aún más chocantes que las alergias. ¿Cómo es posible que el sistema inmunitario ataque células sanas del propio cuerpo? Existen unas 80 enfermedades autoinmunes que afectan prácticamente a todos los órganos y funciones corporales, lo cual hace pensar en que deben tener una explicación común. Si estos trastornos se analizan de nuevo desde el punto de vista psicológico se encuentra un problema similar al de la alergia; si en aquel caso se trataba de agresividad dirigida hacia elementos exteriores, en éste se dirige hacia uno mismo. Las enfermedades autoinmunes afectan con mayor frecuencia a las mujeres y quizá no sea casualidad que éstas tengan menos conductas autodestructivas que los hombres (muchos de ellos no necesitan una enfermedad para hacerse daño; pueden hacerlo conduciendo, bebiendo, peleándose...).
Los problemas inmunitarios están aumentando su incidencia. Todo indica que las plagas del nuevo siglo van a ser, además de la ansiedad, las enfermedades infecciosas y las alergias. Las infecciones tienden a recrudecerse, porque las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos. En el caso de las alergias, se estima que en el año 2010 se afectarán a la mitad de la población.
Ante este panorama cobra importancia el enfoque de las terapias naturales. Mientras la medicina convencional se ha centrado en la supresión de los síntomas por los medios que fueran necesarios, el objetivo de las terapias naturales siempre ha sido favorecer el poder autocurativo. Otra característica de las medicinas naturales que las hace amigas del sistema inmunitario es que suelen tener en cuenta todos los factores implicados en el equilibrio del organismo. el entorno, la alimentación, los hábitos, las emociones y la psique.
Actitud colaboradora
Los médicos naturistas saben distinguir cuándo el tratamiento debe ser de apoyo a un organismo que puede luchar por sí mismo, y cuándo se debe recurrir a remedios, a veces agresivos, contra una enfermedad que puede imponerse. En cambio, la actitud de muchos enfermos no suele ser de colaboración con el médico interno, seguramente porque al no conocer todos sus recursos no pueden confiar en él. Pero si se es consciente del trabajo que realiza en todo momento se pueden hacer bastantes cosas para ayudarle.
El misterio de las curaciones espontáneas
Los casos de curaciones imprevistas demuestran hasta qué punto los recursos sanadores del cuerpo son eficaces.
El modo en que algunas personas se curan de enfermedades -incluso de problemas crónicos y graves- sugiere que los mecanismos de autocuración pueden activarse de modo inconsciente. En muchos casos las remisiones espontáneas coinciden con cambios importantes en la vida afectiva del enfermo o en las ideas que tienen sobre sí mismos o sobre la vida. Algunas enfermedades autoinmunes desaparecen cuando el paciente se enamora. En otras ocasiones el proceso de curación se desencadena a partir de un acontecimiento que ha causado una viva impresión, como una visita multitudinaria a un lugar sagrado o milagroso, o someterse al sorprendente rito realizado por un chamán. La confianza en un médico con una fuerte personalidad o en un tratamiento novedoso también puede obrar -milagros- similares. A la espera de explicaciones más concretas, todo indica que la curación con los recursos del propio cuerpo es posible cuando se produce una integración, una unión profunda dirigida hacia un fin, entre los elementos básicos que constituyen el ser humano: las emociones, los deseos, el comportamiento, los pensamientos conscientes y los que discurren como una corriente subterránea.
10 cosas que puedes hacer para estimular tus defensas
Un estilo de vida sano refuerza la cantidad y la actividad de las células inmunitarias. Además de las medidas que se indican a continuación se pueden tomar muchas más, como evitar los medicamentos inmunosupresores o la exposición a campos electromagnéticos.
1. Reducir el contacto con tóxicos
La razón es que las sustancias tóxicas saturan el sistema inmunitario. la contaminación generada
por el tráfico está asociada a una mayor incidencia de problemas alérgicos. Otras sustancias peligrosas que deben evitarse son los plaguicidas en los alimentos y en los contaminantes del agua del grifo.
2.Recurrir a la equinácea
Estimula la actividad de la glándula directora del sistema inmunitario, el timo, y activa la producción de linfocitos e interferón. Se aconseja en caso de gripe, herpes y candidiasis.
3.Comer verdura y frutas frescas a diario
La mayoría de los pigmentos vegetales son sustancias que sirven a las plantas para protegerse de agentes nocivos. En el ser humano tienen un efecto similar. Además las frutas y hortalizas amarillas, anaranjadas y rojas son ricas en betacaroteno -provitamina A que regenera la piel y las mucosas-. La vitamina C de los cítricos activa la producción de interferón, de determinados tipos de inmunoglobulinas y de glutation, fundamental para el buen estado de las defensas.
4.Consumir menos azúcar
Se ha comprobado que 100 gramos de azúcar refinado reducen a la mitad la capacidad de los glóbulos blancos para destruir las bacterias.
5.Cuidarse la boca
En las encías y en los dientes se acumulan bolsas de gérmenes que no producen molestias pero que agotan los recursos del sistema inmunitario. Es importante mantener una buena higiene bucal y hacerse regularmente revisiones para detectar infecciones.
6.Tomar alimentos probióticos
El yogur, el kéfir, la col fermentada y el miso, entre otros alimentos, cuidan la flora intestinal, colaboradora del sistema inmunitario.
7.Probar las setas chinas
El maitake, el shiitake y el reishi aumentan el número y la actividad de las células inmunitarias. Contienen polisacáridos, largas moléculas compuestas de azúcares, que tienen una acción inmunoestimulante.
8.Consumir suficientes minerales
Favorecen la realización de las reacciones bioquímicas necesarias para el buen funcionamiento del sistema inmunitario. Aunque son muchos los minerales que cumplen una función inmunitaria. Los más importantes son el manganeso, el selenio y sobre todo el zinc. Para obtenerlos es recomendable consumir habitualmente cereales, legumbres y una pequeña cantidad de frutos secos. Estos proporcionan también vitamina E, un nutriente antioxidante que estimula el sistema inmunitario y que también se encuentra en el aceite de oliva virgen extra crudo.
9.Descansar
Es esencial para la recuperación, la renovación y la desintoxicación. Hay que dormir las horas necesarias y buscar momentos para la relajación física y mental.
10.Visualizar estimula las defensas.
Se pueden imaginar cómo las células defensivas eliminan los microorganismos patógenos o las células dañadas. También puede visualizarse la fuerza sanadora generada desde el centro del pecho -donde se encuentra la glándula timo- que se extiende por todo el cuerpo. Cuanto más intensa, realista y emocionante sea la imagen más eficaz será.
Psiconeuroinmunología: los vínculos entre la mente y la inmunidad
Estudios actuales demuestran que exite un vínculo entre el cerebro y el sistema inmunitario. La clave de este vínculo se encuentra en las estructuras más profundas del cerebro, pero existen maneras de activarlo.
Durante años, después de que hubiera reconocido la existencia del sistema inmunitario, se creyó que era completamente autónomo. Sin embargo, pronto se demostró todo lo contrario: existe una constante e íntima relación entre los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario, que se comunican a través del flujo de hormonas y de unas moléculas denominadas péptidos. Una nueva ciencia, la psiconeuroinmunología, investiga esta relación y es posible que a medio plazo se descubran nuevos mecanismos de interacción. El vínculo entre mente y cuerpo es bien conocido por los médicos que tratan personas con trastornos inmunitarios y que comprueban cada día cómo los altibajos de la vida afectiva se corresponden con la presencia o ausencia de síntomas. El vínculo entre mente y cuerpo explica también la reacción o el efecto placebo, que es la mejoría en la salud debida únicamente al hecho de creer en el poder de un medicamento, aunque éste en realidad no tenga efectos. Lo interesante del vínculo entre mente es la posibilidad de activarlo para beneficiar la salud. Existen estudios científicos que demuestran que la actitud optimista, el buen humor, las relaciones personales constructivas y el deseo de curarse son importantes para mantener la capacidad inmunitaria en perfecto estado. Por el contrario, la preocupación, el estrés crónico, la tristeza y especialmente la hipocondría la debilitan. Las técnicas de relajación y de control de la respiración también se han demostrado eficaces para ejercer control sobre los procesos internos.
Obras que se pueden consultar al respecto: Rachel Charles, "Mente, cuerpo y defensas naturales". Editorial Paidós.
Volker zur Linden, "Cuide naturalmente su sistema inmunitario". Editorial Integral.
Andrew Weil, "La curación espontánea". Editorial Urano.